LA DORMIDA 16ta Fecha A La Dormida llegaron todos, nadie faltó.
Juan Pablo Pino - 2009-11-18
Se veía complicado el panorama para hoy (domingo 15); eran sólo 4 integrantes del equipo Skechers - Trek contra un pelotón que se veía lleno de figuras. A la carrera de La Dormida llegaron todos, nadie faltó.
Chapeu para todos
“Hamlet miro la bicicleta como si la odiara: un instrumento de tortura, un conjunto articulado de hierros, gomas, cables y cadena diseñado para llevar el cuerpo del ciclista mas allá de los límites del esfuerzo, hasta alcanzar las zonas de dolor. El sillín era un potro que sujetaba las manos al manillar; las ruedas tornos que tensaban las piernas hasta desencajarlas, como si en cualquier momento las rotulas fueran a salir disparadas de las rodillas .La cadena unía con grilletes los pies a los pedales y obligaba a empujarlos hasta perder el aliento sin permitir nunca la relajación o el descanso, sin que el ciclista pudiera detenerse cuando el frio le cortaba los labios o cuando la sed o el calor lo torturaban. El asfalto era el combustible que abrasaba al corredor a fuego lento. A veces, en el trayecto apenas se podía respirar, porque no había suficiente oxigeno en las alturas o porque uno se atragantaba con los ratones del cansancio algunos ocultaban bien la fatiga, pero otros resoplaban como volcanes en erupción y había otros cuyo aliento se confundía con sollozos y parecía que estaban llorando”.
“Contrarreloj”. Eduardo Fuentes
La Dormida
Se veía complicado el panorama para hoy (domingo 15); eran sólo 4 integrantes del equipo Skechers - Trek contra un pelotón que se veía lleno de figuras. A la carrera de La Dormida llegaron todos, nadie faltó. Llegaron Garrido, Muga, Mansilla, Plaut, Aravena, Lagos, Osorio y un sin número de ciclistas más.
Ya en carrera entre el pelotón, Garrido conversaba con Mansilla mas de alguna estrategia para esta aventura y se escucha “Necesito que ataques, pero que sea un ataque bueno”. Justo en ese momento ataca Diego Vera y Mansilla salta a rueda de Ricardo Paredes. Fue un ataque fuerte, muy fuerte para el pelotón que a hasta ese momento rodaba sin mayores movimientos, yéndose a 55-60 km/h logrando una distancia del grupo.
Atrás comienzan a ordenarse y ponerse nerviosos ya que cada vez sacan más distancia del pelotón. El ritmo es alto entre el grupo lo que va provocando pequeños cortes en el pelotón llegando a formándose un pequeño grupo de 5 ciclistas en busca de la fuga en el que van Jonathan Avendaño, Wolfang Burrman, Jaime Dasori, Javier Puschel y Oscar Osorio. Logrando llegar a la escapada, Diego Vera se corta más o menos a la altura del monumento de Manuel Rodriguez en TilTil.
Desde el pelotón saltan en busca de la escapada que ya es numerosa a esta altura Ricardo Hazbún y Gonzalo Garrido quienes dan alcance justo antes de comenzar a subir la cuesta La Dormida de 12 kilometros, donde comienza la segunda parte de de esta linda la historia.
Ya subiendo la cuesta se ve que Mansilla y otros más comienzan a quedase después de mantener un ritmo alto e intenso después de 80 km en la escapada. En el grupo que sigue en busca de la meta han llegado más ciclistas integrándose Aravena y Claus. Van a un ritmo parejo, cerca del km 3 de la subida, Muga alcanza a Mansilla y le pregunta cómo va la situación adelante, le dice que va Garrido en el primer grupo. Muga lo mira, apura el ritmo de pedaleo e increíblemente alcanza al primer grupo. Se queda un par de minutos con ellos, conversa con Garrido y éste le dice “Después de la curva a la derecha se pone duro ahí tienes que atacar”. Muga obedece al pie de la letra con un ataque que nadie es capaz de seguir su pedaleo. Se va solo en busca de la meta, seguido de lejos por Aravena y un par de ciclistas más que tratan de alcanzarlo, pero es imposible. Mientras tanto Garrido, deportista de mil batallas, tiene la carrera muy clara; marca un ritmo sostenido y va comiendo la subida, alcanza a uno, luego a otro y finalmente llega a la caza de Aravena.
Van uno al lado del otro subiendo, marcando superioridad se pasan la rueda al mejor estilo del oeste, como un mano a mano. Bajan piñones como si cargaran sus pistolas, luego bajan otro más y vuelven a apurar.
Aravena sucumbe ante la astucia de Garrido y éste gana el duelo. Mientras tanto unos metros más adelante, Muga levanta los brazos y se lleva la victoria.